martes, 8 de mayo de 2012

Recuerdo de infancia

De pequeño solía pasear por los arrabales de la ciudad,
agrietadas las manos de pasarlas por las paredes de piedra
y yeso.
Contemplar las celosías, los aleros majestuosos
de las solemnes casas cuyo cobijo
buscaban las alegres golondrinas
cimbreaba mi imaginación en busca de castillos
y damiselas de ojos oscuros, de aventuras caballerescas
y nobles duelos en campiñas boscosas.
Correteando por las estrechas y diáfanas calles
los ecos de mis apresurados pasos resonaban
en el fresco aire de la tarde y
un grito de alborozo se escapaba de mi garganta emocionada.
Algún perro somnoliento alzaba alarmado
las puntiaguas orejitas
y respingaba dispuesto a huir de semejante peligro.
Siempre terminaba mi aventura solitaria en el patio umbrío
de una hermosa casa de corredores abalaustrados
y recogía piedrecitas para lanzarlas al pozo
que había en medio, en la sombra de aquel recogido
lugar, y escuchaba allá abajo sonar el agua
con cada guijarro que arrojaba.
Nunca supe de quién era la casa, nunca supe
el significado de los labrados mármoles
del misterioso brocal que irremisiblemente
me atraía,
nunca más recordé el camino que me habría de llevar
a aquel recóndito lugar, al sereno reposo
de árboles y cantos de pájaros,
de esquivos gatos entre las malezas,
de postigos cerrados y puertas maltrechas.
Nunca regresé. Y nunca podré regresar.
La vida y sus avatares me alejaron de allí.
Pero ese lugar permanece en mi memoria inalterado,
y desprende un aroma de aire perfumado a jazmín.
Y puedo oír el eco del agua, aún cuando me alejo
del magnífico brocal,
aún cuando lo dejo atrás, ya casi invisible
entre las sombras cada vez más densas.

sábado, 31 de diciembre de 2011

Top 22 T&S

Mi T&S top actualizado:

1) This is everything
2) Not with you
3) Superstar
4) Monday Monday Monday
5) I hear noises
6) Don't confess (this thing that breaks my heart)
7) You wouldn't like me
8) I know I know I know
9) Where does the good go
10) Walking with a ghost
11) So jealous
12) I was married
13) The con
14) Back in your head
15) Nineteen
16) Dark come soon
17) Call it off
18) Hell
19) The cure
20) Alligator
21) Sentimental tune
22) Someday

sábado, 17 de diciembre de 2011

Corriendo,
desde una distancia infinita
te vi corriendo.
Parecía que corrieses despreocupado,
como el que va a reunirse con un amigo muy querido,
casi como a saltitos.
Pero la carrera es bien corta,
al poco,
desciendes,
y te colocas,
como el que espera la cola del bus,
junto a los demás,
en fila, hombro con hombro,
y esperas.
Esperas muy poco.
Pero qué enorme, qué larguísima
debió de ser la espera.
Arriba,
el ejecutor no tarda nada
en disparar, uno a uno,
a la cabeza, a tu cabeza,
inclinada como si rezaras.
Y caes,
como si nada,
en el fondo de la horrible fosa,
del hueco terrible en la tierra,
donde nada más te ocurrirá,
donde sólo queda tu cuerpo,
porque tú ya no estás,
pues te fuiste
como si nada.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

miércoles, 7 de septiembre de 2011

La Ciudad


Iskander no pretendía construir un laberinto cuando ordenó crear la Ciudad. Pero toda persona es un laberinto, e Iskander se reflejó en la Ciudad.
Las puertas amuralladas observaban al visitante desde muy alto.
Pero estas puertas, en número de diez, estaban siempre abiertas.
Una vez dentro, el viajero no estaba en una ciudad desconocida,
bulliciosa y llena de maravillas.
Era eso, pero era todo lo demás. Tras las esquinas palpitaban misterios ópticos que velaban secretos antros;
o aparecían súbitos racimos de casas inimaginadas que acontecían la locura.
Las calles serpeaban en diferentes planos, muchas veces confluyendo sobre sí mismas.
Otras calles eran rectas avenidas de horizonte infinito, que obligaban a detenerse en sus innumerables establecimientos oscuros o luminosos, rebosantes de género y arrebatados por una frenética sensualidad.
A veces las calles conducían a las plazas. Las plazas eran pequeños espacios oscuros,
poseídos por el fantasma de la adivinación y la mendicidad.
Las plazas eran también gigantescas, como explanadas de absurdo desbordamiento, templadas por el sol y por la música de encantadores de serpientes.
Muchas veces, desde lo profundo de una calle, o a través de un soportal o apenas vislumbrado en el reflejo de las aguas perfumadas de un estanque florido, allá arriba, en una torre de edificios o en la cumbre de un talud, los miradores inalcanzables mostraban espléndidos toldos de seda brillantísima, pendones ondeantes de broncíneos reflejos.
Los soportales,como ciempiés monstruosos, recorrían, adosados a los muros y formando parte de los muros, distancias asombrosas, y al verlos pareciera que serpearan como cintas de colores en el viento. Bajo ellos rumiantes y paseantes se esquivaban y entrelazaban, como presos en un corredor de aire rodeando columnas y arcos bellos y serenos y múltiples e interminables.
Los templos, dedicados a las deidades veneradas en todo el orbe, ascendían en una complicada competición malabar, coronados por candelabros y pináculos, adornados por las más hermosas banderas de espeso incienso ceñidas a unos muros constelados de venerables dioses etéreos abisales. Los cultos se prolongaban durante todo el día intrincándose con las caravanas y los voceríos y los enjambres de perros y de niños y las miríadas de oleadas humanas irrepetibles.
En lo alto, en el cielo añil, las bandadas de pájaros exóticos dibujaban filigranas en su intento de imitar el giro de los astros, al igual que la Ciudad imitaba en sus movimientos y deseos a las aves de alma prístina.
El agua desbordante de las fuentes engalanaba las calles con su rumor de finas presas de plata, que se transformaban en albercas y lagos, en mares domesticados ribeteados por veleros blancos.

En el centro de la Ciudad estaba la esfera, en cuya superficie de cristal la vista percibía fragmentos de la totalidad, y girando en torno a ella el viajero por fin podía empezar a comprender su verdadera estructura. A su vez, el viajero se veía reflejado en ella, y por fin se contemplaba, inmerso en la esfera, dentro de la esfera que contenía el universo.

Cuatro veces Iskander vió al Constructor, y todas fueron en sueños.
La primera vez fue en el desierto, arrebatado por las fiebres.
La segunda y la tercera, en la corte del sátrapa de Izmir: La noche de su llegada, y la noche de la muerte de su anfitrión.
La última vez, la víspera de la destrucción de la Ciudad.

miércoles, 31 de agosto de 2011

My top 20 T&S songs



1) This is everything
2) Monday Monday Monday
3) I hear noises
4) Don't confess (this thing that breaks my heart)
5) You wouldn't like me
6) I know I know I know
7) Where does the good go
8) Waking with a ghost
9) So jealous
10) I was married
11) The con
12) Back in your head
13) Nineteen
14) Dark come soon
15) Call it off
16) Hell
17) The cure
18) Alligator
19) Sentimental tune
20) Someday

jueves, 4 de agosto de 2011

Un ángel

Iskander llega a un perdido, o abandonado, poblacho.
Nada indica que haya alguien allí.
Sobre su cabeza gravitan buitres, o cuervos.
Hace calor, parece un desierto, todo alrededor es aridez.
Una sombra se inclina, delante.
Es un muchacho alado; resplandece.
Tocado por una misteriosa gracia, se eleva,
se confunde con las aves, en lo más alto de la esfera celeste.
Cuatro años después, recordaría esta escena,
aquejado de una dolencia terrible:
la nostalgia infinita.

viernes, 29 de julio de 2011

El árbol muerto


Un árbol yace, de pie, muerto, al borde de un camino de tierra y polvo.
Iskander se acerca, le da una patada que suena como un crujido.
Le espera un largo, larguísimo camino, pero la visión de ese árbol,
su retorcido ascenso interrumpido, le conmueve misteriosamente.
Todos somos árboles, y este lo siento como parte de mi.
La vida dura lo que debe durar, pero la visión de lo que seremos
es demasiado desgarradora.
Aparta la vista para continuar su travesía.
Nunca más volverá a ver el árbol muerto, solitario,
en medio de la llanura reseca, infinita y abatida,
como por un conjuro inmemorial, por el viento.
Sin embargo, jamás lo olvidará en su mente y en su alma.

sábado, 14 de mayo de 2011

La canción


Primero fue una nota tenue, sencilla y perfumada. Duró medio segundo, pero su recuerdo se extendió en la memoria.
Después siguió un silencio como de bosque en reposo. Según persistía se hizo denso como noche cerrada. Los ecos de la primera nota encerraban una angustia, ahora que nada se oía. El recuerdo se fue extinguiendo; la oscuridad creció. Una vibración de pesadumbre se apoderó del espacio. Como un abismo se cierne ante un agotado explorador, el vacío emergió vertiginosamente. Un eco antiguo, olvidado, resonaba detrás del manto negro. La soledad encerraba algo de triste y de maldito.
La primera y última nota había dado paso al funesto destino de todo. El telón se levantaba. Detrás de él, aún más terrible y oscuro, el silencio más horroroso que alguien jamás oyó.

sábado, 5 de marzo de 2011

Smugglers


La última vez que la vi había desaparecido en una montaña, como humo y viento, de drogas y alcohol. No me di cuenta de lo separados que estábamos ya. Caía la tarde en Palace Street y me soltó la mano. Se acercó a un grupo de smugglers, que jamás había visto. No me dejaron acercarme. Olía a subterráneo y a contaminante Flux. Los coches despegaban y aterrizaban, pasaban zumbando. No se despidió. La habían contratado. Me fui de allí. La cabeza me volteaba, las piernas me llevaban sin rumbo. Ya no reconocía los lugares. Me infiltraba, sin saberlo, en la sima del submundo. Se me acercaban, pasaban a mi lado, seres de tres metros, tristes y horribles; animales vagabundos indescriptibles me rozaban y empujaban; enanos subidos a descabelladas alzas saludaban a los demás con sus sombreros. Las danzas de la muerte se mezclaban con la marabunta que transitaba las calles del averno.

Llegó un momento en que mi mirada no se fijaba en nada. Sólo debía, sólo podía pensar en ella, en lo perdida que debería de estar. Tenía que encontrarla, antes de que muriera en una vorágine de locura y saturación.

Después, el ser de delante me dijo: "Sígueme, aquí no haces nada". Lo seguí, hacia una oscuridad difícil de comprender.


Mientras tanto, ella, en el despacho de cristales rotos, reía su nueva suerte, con su flamante máscara antigás, tirada en el sucio suelo de madera.

sábado, 23 de octubre de 2010

El cuadro

Hace años que vi aquel cuadro. Hoy ya no existe, desapareció. Formaba parte de una serie de pinturas de paisaje, obra de Martin Sliedmann. Estaban dispuestos los cuadros sencillamente, en una sala rectangular pequeña y retirada de la galería Wittert de Lieja. La luz era adecuada, suave, normal en una galería de arte. Al entrar, observé una decena de lienzos, todos de idéntico tamaño, en torno a unos 40x30 centímetros. Ninguno me llamó la atención a primera vista, y comencé a verlos de izquierda a derecha de la sala. Eran bellos paisajes del norte de Europa, Bélgica, Holanda y Alemania sobre todo, pintados entre los años 1820 y 1860, colocados en orden cronológico. Lo primero que destaqué de aquellos cuadros era la ausencia de detalles pintorescos: No aparecían pastores, reses, ni carromatos, ciervos o cazadores. Por un lado estaban influidos por el romanticismo alemán de Friedrich y por otro, recordaban algo el paisajismo inglés del primer Turner en la captación de la densidad, la humedad, el rocío en las briznas de hierba. Me agradaron sobre manera, y me detenía largo tiempo en cada uno de ellos. En esto he de decir que nadie me acompañaba, y los comentarios y descubrimientos me los guardaba y los razonaba conmigo mismo. Tampoco había demasiada gente en la sala, que se encontraba en un rincón del edificio más bien discreto y apartado. Para mí era la última que iba a visitar, y como me quedaba un poco de tiempo antes de llegar a una cita que tenía esa tarde, decidí entrar en aquella sala que me quedaba por ver.
Según avanzaba, me di cuenta de que no percibía ninguna evolución de estilo aparente, a pesar de que eran pinturas realizadas en intervalos de tiempo considerables: de un paisaje de Bochum pintado en 1832 se pasaba a un paisaje de Alsacia hecho en 1844. Iba llegando al final de la serie de cuadros desconcertado. El último, fechado en 1860, año del fallecimiento de Sliedmann, era un paisaje de su ciudad natal, Haarlem: Un molino acompañado de un árbol seco, en una pradera de color verde intenso. El cielo, tormentoso. En el aire, denso, flotaba un ave negra minúscula. El artista vislumbraba el final.
Me disponía a abandonar la sala, abstraído en estas cosas. No era consciente de lo que me iba a suceder. Como un susurro de náyade, claro y lejano sobre el rumor de un río, me llegó un álito misterioso e indefinido, la llamada de un alma poderosa y desconocida. Por supuesto me detuve, y me acerqué al "cuadro". Fui directamente a Él. Era el lienzo número cuatro de los diez que había. Los otros desaparecieron de mi vista.
Me situé delante. Lo recordaba, era un paisaje fechado en 1829. La cartela que los responsables de la exposición habían colocado a un lado, cerca del marco, a su derecha, no indicaba de qué localidad o región se trataba. Era el único paisaje no identificado de los allí presentes. Posé mi vista de la cartela al cuadro. A la pintura. Al milagro. Allí había, por así decirlo, un árbol. El árbol ocupaba el centro del lienzo. Era un árbol retorcido, viejo y de escaso follaje. Pero no era un arbol amenazador, no era un árbol triste. Era un árbol luminoso, en medio de una pradera salvaje de un color verde esmeralda, sin apenas desniveles, que se alejaba a través de planos sencillos y casi se podría decir ingenuos. El aire se arremolinaba en ondas cálidas y rojas, como si de un atardecer alucinado se tratara. En aquel momento me di cuenta de que el "cuadro" había sido mutilado. Le faltaba la parte de abajo. Debía continuar, la escena, por la parte de abajo del "cuadro". Se apreciaba, sobre el borde inferior del marco, la zona en que el lienzo había sido cortado, cercenado. De repente vi que a la izquierda del árbol había una cruz, una cruz cuyo centro era un círculo, a modo de cruz presbiteriana. Era de hierro, oscuro y herrumbroso, y estaba inclinada, ligeramente, hacia el árbol. Éste se inclinaba y retorcía en la misma dirección que la cruz, como si fuera a ascender al cielo arrebolado desmaterializándose en fragmentos de madera, cenizas, polvo. Las hojas del árbol se agitaban furiosamente sometidas a un viento frío y desesperado. Algunas flotaban en el aire. A la derecha del árbol una sombra se extendía de arriba a abajo, y de nuevo descubrí que ese lado también había sido recortado en otro tiempo por manos extrañas como garras de animal, pues dicha sombra apenas aparecía más que perfilada bajo el borde del marco. El aire en lo alto rugía, llegaba una tormenta o una noche monstruosa, unos remolinos rojos como fuego circulaban entre el árbol y la cruz, incendiando la escena y creando brillos incandescentes en cada superficie, llevándome a mi al centro de aquella escena desolada y soñada. Me encontraba en un sueño, dormía, era otra persona, yacía con una mujer de larga melena castaña, sufría y padecía penalidades, era feliz y odiaba al mismo tiempo, tañía una cuerda y molía pigmentos, veía crecer a nuestros hijos y deambulaba por calles oscuras, invocaba a los astros y rezaba en la catedral, viajaba a otra ciudad, discutía y temblaba, enterraba a otros hijos, a mi esposa, huía al destierro, desaparecía para siempre de los hombres y sus obras.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Back in your head acústico

Tegan and Sara perform Back in Your Head acoustic from WBEZ on Vimeo.

Amor

No creo en el amor, el amor pasa a tu lado pero no se queda. Sólo se puede quedar si surge de tu interior. Pero eso no es el amor que todos mentamos superficialmente. No es un amor romántico. Pero no sé muy bien qué es realmente, o si existe realmente.
¿Ha estado siempre dentro de nosotros?, ¿es una ilusión producto de la química?, ¿es propio del ser humano?, ¿es propio de los seres vivos?, ¿es?
¿Es simplemente dejar escuchar nuestro interior? ¿Es abandonar el ego y ponerse en el lugar de los demás? ¿Es útil? ¿Es innecesario en nuestra sociedad deshumanizada?
¿Es, a su vez, producto del ego, que cree sentir algo por algo? ¿Es una actitud vital? ¿Es un desprendimiento de las cosas materiales? Y si fuera así, ¿por qué habría de ser necesario un desprendimiento de algo? ¿Para no sufrir? ¿No se sufre ya con todas las circunstancias que rodean a lo que llamamos vida? ¿Cómo no sufrir? ¿El budismo, hinduismo o cualquier otra religión/filosofía ayudan en algo? ¿Es posible sentirse realizado, trascender? ¿Es ese el objetivo? ¿O el objetivo es aprender, mejorar, perfeccionar el alma? ¿Existe el alma? ¿Somos? ¿?

martes, 10 de agosto de 2010

Northshore



Aquí están mis chicas con su nuevo videoclip. ¡Oh, cómo me encantan!